Yo soy el Creador del cielo y de la tierra, que tengo una misma Divinidad con el Padre y con el Espíritu Santo. Yo soy el que hablaba a los Profetas y Patriarcas, y a quien ellos esperaban. Y para cumplir su deseo y mi palabra, tomé carne sin pecado ni concupiscencia, entré en las entrañas virginales de mi Madre como el sol esplendente que entra por un purísimo cristal, porque como el sol cuando pasa por un vidrio no lo daña ni quiebra, asi la virginidad de mi purísima Madre no fué dañada ni manchada, cuando yo tomé en su vientre mi Humanidad. Y de tal manera me hice hombre, que no por eso dejé de ser Dios, ni era menor que el Padre y el Espíritu Santo en la Divinad, porque aunque estaba en el vientre virginal de mi Madre, todo lo regía y gobernaba; porque como nunca se aparta del fuego el resplandor, así tampoco mi Divinidad jamás se apartó de mi humanidad, ni aun en la muerte...
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