FERIA QUINTA. - LECCIÓN SEGUNDA
CAPÍTULO 14
Bendición.
Dignese borrar nuestros pecados la Virgen saludada por el Ángel. Amén.

Ninguna lengua puede referir con cuánta sabiduría comprendieron a Dios los sentidos y entendimiento de la gloriosísima Virgen, en el mismo instante en que por primera vez tuvo conocimiento del Señor, principalmente porque toda inteligencia humana es débil para pensar las muchas formas con que se sometió al servicio de Dios la bendita voluntad de la Virgen, pues se complacía sobremanera en hacer todo cuanto conocía ser agradable a Dios.

Conoció la Virgen que no por méritos suyos había el Señor creado su cuerpo y su alma y dádole a su voluntad la libertad de guardar humildemente los preceptos divinos, o de oponerse a ellos si quisiera; y así, determinó la humildísima voluntad de la Virgen, servir a Dios con el mayor amor durante toda su vida por los beneficios ya recibidos, aunque ya no le concediera más el Señor. Mas cuando el entendimiento de la Virgen pudo comprender que el mismo Creador de todas las almas se dignaría hacerse también Redentor de ellas, y que por recompensa de tan penoso trabajo, no desearía nada sino recobrar para sí las mismas almas, y que todo hombre en su mano tiene la libertad de aplacar a Dios con buenas obras, o de provocarlo a ira con malas acciones, comenzó la voluntad de la Virgen a dirigir atentamente su cuerpo en las borrascas del mundo, como el prudente piloto dirige su nave.

Pues así como teme el piloto que con las oleadas pueda peligrar el buque, ni tampoco se apartan de su imaginación los escollos en que muchas veces se estrellan las naves, acomoda con firmeza las jarcias y pertrechos del buque, ésta contínuamente contemplando el puerto donde después del trabajo desea descansar, y cuida mucho lleguen debidamente a su verdadero dueño las riquezas contenidas en su nave, del mismo modo esa prudentísima Virgen, después de tener conocimiento de los mandatos de Dios, al punto según el espíritu de ellos comenzó su voluntad a dirigir con la mayor solicitud su cuerpo.

Temía con frecuencia la Virgen el trato con los parientes, a fin de que no la entibiasen para servir a Dios con palabras o con obras la prosperidad o desgracia de ellos, las cuales se asemejan a los vaivenes del mundo. Tenía además presente de contínuo en la memoria todo lo prohibido por la ley divina, evitándolo con suma atención, a fin de que no perdiesen espiritualmente su alma, como tremendo escollo.

Esta laudable voluntad dominó refrenando a la misma Virgen y sus sentidos de suerte que nunca se movía su lengua para palabras inútiles, y jamás se alzaron sus recatadísimos ojos para ver nada innecesario, sus oídos atendían sólo a lo perteneciente a la gloria de Dios, sus manos y dedos no se extendían sino para su utilidad propia o la del prójimo, y no permitía diesen sus pies un solo paso sin haber examinado antes el provecho que de ahí resultaría. Deseaba también la voluntad de la Virgen sufrir con placer todas las tribulaciones del mundo, para llegar al puerto de salvación, es decir, al seno de Dios Padre, anhelando constantemente que su alma restablecida diese grato honor al Señor, a quien sobremanera amaba.

Y como la voluntad de la Virgen no careció jamás de bondad alguna, Dios, de quien dimanan todos los bienes, la exaltó muy sublimente en la cumbre de todas las virtudes y la hizo brillar con el mayor esplendor. ¿Quién no ha de admirarse de que haya Dios amado sobre todas las cosas a esta Virgen, cuando excepto ella sola, no conoció a nadie engendrado de varón y mujer, cuya alma no fuera a veces inclinada al pecado mortal o al venial?

¡Ah! ¡cuánto se acercó esta nave, es decir, el cuerpo de la Virgen, al deseadísimo puerto, esto es, a la morada de Dios Padre, cuando al llegar Gabriel, le dijo: Ave, llena de gracia! ¡Cuán honestamente sin obra de varón encomendó el Padre su Hijo a la Virgen, cuando ésta respondió al ángel: Hágase en mí según tu palabra! Y al punto unióse en el vientre de la Virgen la divinidad con la humanidad, y se hizo hombre el Hijo de la Virgen, el verdadero Dios, el Hijo de Dios Padre.