PARA LA DOMINICA. - LECCIÓN SEGUNDA
CAPÍTULO 2
Bendición.
Socórrenos, Madre de Jesucristo, que diste la alegría al mundo entristecido. Amén.

Tú también, oh María, la más digna de todas las criaturas, estabas desde el principio delante de Dios antes de que te hubiese creado, como el arca de Noé delante del mismo Noé después que tuvo noticia sobre su fabricación, y antes de haberla concluído según se le había mandado. Conoció Noé en el tiempo en que a Dios plugo, cómo había de ser hecha su arca: conoció Dios antes de todos los tiempos cómo sería hecha su arca, esto es, tu gloriosísimo cuerpo. Alegrábase Noé con su arca antes de ser fabricada: alegrábase grandemente contigo, oh santísima Virgen, el mismo Dios antes de que te creara.

Alegrábase Noé porque su arca había de ser tan sólida, que no se quebrantase con el furor de las olas: alegrábase Dios, porque tu cuerpo debía ser tan fuerte y tan virtuoso, que por toda la maldad del infierno entero no se inclinara a cometer ningún pecado. Alegrábase Noé porque su arca había de ser embreada interior y exteriormente, de manera que no pudiese entrarle ni un gota de agua: alegrábase Dios, porque preveía que por su bondad tu voluntad debía ser tan buena, que mereciese ser llena de la unción del Espíritu Santo interior y exteriormente, de modo que jamás tuviese cabida en tu pecho la ambición de las cosas temporales que habían de crearse en el mundo; pues tan odiosa para Dios es en el hombre la ambición mundana, como para Noé el agua en la quilla de su arca.

Regocijábase Noé con la espaciosa anchura de su arca: regocijábase Dios con tu amplísima y misericordiosísima piedad, con que habías de amar perfectísimamente a todos y no odiarías de un modo irracional ninguna cosa creada, principalmente porque esa tu benignísima piedad debía dilatarse tanto, que en tu bendito vientre se dignase descansar y residir ese inmenso Dios cuya grandeza es incomprensible. Regocijábase también Noé porque su arca había de hacerse con bastante luz y sabiduría: regocijábase Dios, porque tu virginidad había de conservarse tan clara hasta tu muerte, que no podría mancharla el contagio de ningún pecado. Regocijábase Noé, porque en su arca había de tener todo lo necesario a su cuerpo: regocijábase Dios, porque todo su cuerpo lo había de tomar de tu solo cuerpo sin defecto alguno.

En más alto grado se congratulaba por ti Dios, oh la más casta de la vírgenes, que Noé por su arca, pues previó Noé que saldría de su arca con el mismo cuerpo con que en ella entrase: prevía también Dios que entraría sin cuerpo en el arca de tu honestísimo cuerpo, y saldría de ella con cuerpo tomado de tu inmaculada carne y de tu purísima sangre. Supo Noé que dejaría vacía su arca, cuando saliese de ella, adonde jamás volvería: supo también Dios antes de todos los siglos, que cuando de ti naciese con la humanidad, tú, Virgen y gloriosísima Madre, no quedarías vacía como el arca de Noé, sino refulgentísima con todos los dones del Espíritu Santo; y aunque al nacer se apartase su cuerpo del tuyo, previó sin embargo que permanecerías con él eternamente inseparable.