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La Virgen María le dice a su Hijo: Bendito seas tú, Hijo mío. Tú eres el principio sin principio del tiempo, y el poder sin el cual nadie es poderoso. Ruégote, Hijo mío, que acabes con poder lo que empezaste con sabiduría. Y respondió el Hijo: Tú eres como la bebida dulce es para el sediento, y como el manantial que riega lo que se está secando, porque de Ti dimana la gracia a todos, y por consiguiente, haré lo que pides.
Después dijo Jesucristo: Antes de mi Encarnación era el mundo una soledad que tenía un pozo de aguas turbias e inmundas, de donde todos los que bebían quedaban con más sed, y los enfermos de la vista se ponían peores. Junto a este pozo había dos hombres, de los cuales el uno daba voces y decía: Bebed con confianza, porque viene el médico que cura toda enfermedad. Y el otro decía: Bebed alegremente, pues es necio desear lo incierto. A este pozo iban a parar siete caminos, y por eso buscaban todos con afán el pozo.
Aseméjase también mucho este mundo a una soledad, en que hay animales y árboles infructíferos y aguas sucias, porque el hombre, a manera de los animales, era ávido por derramar la sangre de su prójimo, infructífero en obras de justicia, y sucio con la ambición y la incontinencia. En esta soledad buscaban los hombres un pozo turbio, esto es, el cuidado de la carne y el amor y honra del mundo, la cual se halla alimentada con la soberbia, y está turbia con las inquietudes, y por los siete pecados mortales, como por siete caminos, hallábase la entrada. Los dos hombres que estaban junto al pozo, significan los maestros de los gentiles y de los judíos. Los doctores de los judíos estaban orgullosos con la ley que tenían y no guardaban, pues eran muy avaros, y así, tanto con ejemplos como de palabra incitaban al pueblo a que buscase los bienes temporales y decían: Vivid con confianza, porque vendrá el Mesías, y lo restablecerá todo. Mas los doctores de los gentiles, decían: Usad de las criaturas que veis, porque el mundo ha sido criado para que gocemos.
Hallándose el hombre tan ciego que ni pensaba en Dios, ni reflexionaba lo futuro, vine al mundo yo, que soy un solo Dios con el Padre y con el Espíritu Santo, y tomé mi Humanidad, prediqué claramente y dije: Ya está cumplido lo que prometió Dios y escribió Moisés. Amad las cosas del cielo, pues las del mundo pasan, y yo os daré las eternas. Manifesté también siete caminos, por los que el hombre se apartase de su vanidad. Mostré la pobreza y la obediencia, enseñé los ayunos y oraciones, solía retirarme de los hombres y ponerme solo a orar, recibí afrentas, escogí trabajos y fatigas, padecí tormentos y una ignominiosa muerte.
Este camino lo mostré por mí mismo, y por él fueron mis amigos durante largo tiempo. Mas ahora se halla abandonado, y los pasajeros se entretienen con vanidades y novelerías; y por tanto, me levantaré y no callaré. Quitaré la voz de la alegría, y daré mi viña a otros colonos que produzcan fruto a su debido tiempo. Mas, según se dice comunmente, que entre los enemigos hay amigos, enviaré a mis amigos palabras más suaves que el dátil, más dulces que la miel y más preciosas que el oro, y los que las recibieren y guardaren, tendrán ese tesoro que dura felizmente toda la eternidad, y nunca falta, sino que siempre se va aumentando en la vida sempiterna.
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