Jesucristo reprende gravemente a los que consultan con los agoreros y los malos espíritus, e instruye sobre esto a santa Brígida.
Capítulo 54

Cierto militar consultó a un hechicero acerca de si los habitantes del reino deberían o no pelear contra el rey de Suecia, y resultó lo que el hechicero había dicho. Refirió ésto después el militar al rey, hallándose presente santa Brígida, la cual, al punto que se hubo separado del rey, oyó espiritualmente la voz de Jesucristo, que le decía: Ya has oído cómo ese militar consultó al demonio, y cómo éste anunció la futura paz. Di, pues, al rey, que todo esto acontece con permiso mío a causa de la mala fe del pueblo; pues el diablo, por lo sutil de su naturaleza, puede saber muchas cosas futuras, que da a conocer a los que le consultan, a fin de engañar a los que le creen y los infieles a mí. Di al rey que esos hombres sean separados de la comunicación de los fieles, pues los tales son engañadores de las almas, porque a trueque de obtener el lucro temporal se dan y entregan al diablo, a fin de engañar a muchos.

Y no es de maravillar, porque cuando el hombre desea saber más de lo que Dios quiere que sepa, y procura enriquecerse contra la voluntad de Dios, entonces tienta el demonio su alma, y viéndola inclinada a las malas inspiraciones, le envía, para que la engañen a sus auxiliadores, que son los adivinos y otros enemigos de la fe; y cuando consigue lo insignificante que desea, que es lo temporal, pierde lo que es eterno.