San Nicolás de Bari se aparece a la Santa, dándole un testimonio de su gloria.
Capítulo 65

Visitando santa Brigida las reliquias de san Nicolás de Barí en su sepulcro, comenzó a pensar sobre aquel licor de aceite que salía del cuerpo del Santo, y arrebatada su alma en éxtasis, vió entonces a una persona ungida con aceite y despidiendo suma fragancia, la cual le dijo: Yo soy Nicolás, obispo, que me aparezco a ti en la misma forma que tenía con mi alma mientras vivía, pues todos mis miembros estaban tan dispuestos y flexibles para el servicio de Dios, como una cosa muy suavizada, que está flexible según lo necesitaba su dueño; y por tanto siempre residía en mi alma un gozo de alabanza, en mis labios la predicación de la divina palabra, y en mis obras la paciencia, toda a causa de las virtudes de la humildad y castidad, que principalmente amé. Mas ahora en la tierra los huesos de muchos están secos del jugo divino, producen un sonido de vanidad, crujen con el mutuo choque, y son inútiles para dar fruto de justicia, y abominables a la vista de Dios.

Pero has de saber, que como la rosa da olor y la uva dulzura, así Dios ha dado a mi cuerpo la singular bendición de que mane aceite; pues el Señor no solamente honra en los cielos a sus escogidos, sino que a veces también los alegra y exalta en la tierra, para que muchos queden edificados y participen de la gracia que se les concede.