Aparece a santa Brígida la gloriosa santa Ana, y le dice cómo es la abogada de los que viven piadosamente en el santo matrimonio.
REVELACIÓN 66

El sacristán del monasterio de san Pablo, extramuros de la ciudad de Roma, dió a santa Brígida unas reliquias de santa Ana madre de nuestra Señora la Virgen María. Pensando la Santa cómo las había de tener y honrar, se le apareció santa Ana y le dijo: Yo soy Ana, señora de todas las casadas que hubo antes de la ley, y también soy madre de todas las casadas fieles que hay después de la ley, porque Dios quiso nacer de mi generación. Por tanto, tú, hija mía, honra a Dios del siguiente modo: Bendito seáis Vos, Jesús Hijo de Dios, e Hijo de la Virgen, porque de los esposos Joaquín y Ana elegisteis Madre; y así, por los ruegos de santa Ana, tened misericordia de todos los casados, para que den gloria a Dios, y dirigid también a todos los que se disponen para el patrimonio, a fin de que en ellos sea honrado el Señor.

Las reliquias mías que tienes, servirán de consuelo a los que las estimen, hasta que fuere voluntad de Dios honrarlas más encumbradamente en la resurrección universal.