Consultando uno hipócritamente a la Santa en qué estado serviría mejor a Dios, el Señor responde que abandone antes la afición al mundo y a sus bienes, con preciosa doctrina sobre esto.
REVELACIÓN 68

Decía cierta persona que quería servir a Dios, y para saber en qué estado agradaría más al Señor, consultó a la Santa, deseando tener respuesta de Dios; y sobre ello le dijo Jesucristo a santa Brígida: Todavía éste no ha llegado al Jordán, ni mucho menos lo ha pasado, según se escribe de Elías que, pasado el Jordán, oyó los secretos de Dios. Mas, ¿qué Jordán es este sino el mundo que va corriendo como el agua, porque las cosas temporales ya suben con el hombre, ya bajan, oro lo ensalzan con prosperidad y honra, oro lo abaten con la adversidad, y nunca se halla el hombre sin fatiga y tribulación?

Luego quien desea las cosas celestiales, preciso es que aparte de su alma todos los afectos de la tierra, porque quien tiene en Dios sus dulzuras, desprecia todo lo caduco y terreno. Mas ese hombre no ha llegado todavía a despreciarlo todo, antes a la inversa, retiene su propia voluntad. Por tanto, no puede oir aún los secretos celestiales, hasta que desprecie al mundo más completamente y deje en manos de Dios toda su voluntad.