La Virgen María se compara a una cuidadosa jardinera de la Iglesia de Jesucristo.
Capítulo 19

Escribe santa Brígida a D. Bernardo, arzobispo de Nápoles, y le dice: Reverendo Padre y señor: Hallábase orando suspensa en un arrobamiento de contemplación esa persona que bien conocéis, cuando se la apareció la Virgen María y le dijo: Yo soy la Reina del cielo que hablo contigo. Soy la jardinera de la Iglesia; pues como el jardinero cuando ve levantarse un viento fuerte y perjudical a las plantas y árboles de su jardin al punto acude de prisa, y en cuanto le es posible los ata y asegura con firmes apoyos, y de esta suerte los socorre de diferentes maneras según sus recursos, a fin de que no sean tronchados por el furioso viento, ni éste los aranque de raíz; igualmente hago yo en el jardín de este mundo, que soy la Madre de la misericordia.

Porque cuando veo entrar en los corazones de los hombres los peligrosos vientos de las tentaciones y de las sugestiones malignas del demonio, al instante acudo a mi Señor y a mi Dios, mi Hijo Jesucristo, ayudándolos con mis oraciones y alcanzando de él que infunda en los corazones de ellos algunos santas inspiraciones del Espíritu Santo, con las que sustentados y robustecidos de un modo saludable, salgan espiritualmente ilesos del diabólico viento de las tentaciones, a fin de que contras los hombre no prevalezca el demonio, arrebate sus almas y las destruya con la condenación eterna, según es su maligno deseo.

Y los que de ese modo reciben mis referidos auxilios y ayudas con humildad de corazón y los ponen en práctica, al instante se ven libres de la acometida de las tentaciones del demonio, y permaneciendo firmes en el estado de gracia, dan a Dios y a mí frutos de suavidad en tiempo oportuno. Mas los que desprecian esos auxilios espirituales de mi Hijo y míos, y dando consentimiento a la obra del demonio se dejan llevar por los vendavales de las tentaciones, son de raíz arrancados del estado de gracia y conducidos por el demonio a los deseos y obras ilícitas hasta venir a parar en los profundos, eternos y tenebrosos suplicios infernales.