Aparécese a santa Brígida san Francisco de Asis, y la convida a un banquete espiritual, en el que están simbolizadas las preciosas virtudes del Santo.
REVELACIÓN 3

En la festividad de san Francisco, hallándose la Santa en su iglesia de Roma, Trans Tiberim, se le apareció el Santo y le dijo: Ve a mi aposento para comer y beber a mi mesa. Y oyendo esto santa Brígida, se dispuso para el camino, a fin de visitar al Santo en Asís, donde se detuvo cinco días, y al intentar volverse a Roma, entró en la iglesia, para encomendar a san Francisco a sí y a los suyos. Entonces se le apareció el Santo y le dijo: Bienavenida seas; te convidé para mi aposento, a fin de que comieras y bebieses conmigo.

Ten entendido, sin embargo, que esta casa no es el aposento que te dije, pues mi aposento es la verdadera obediencia que siempre tuve, de modo que nunca consentí estar sin director. Tuve también siempre conmigo un sacerdote a quien humildemente obedecí en todos sus mandatos, y este fué mi aposento. Hazlo tú de igual modo, porque esta es la voluntad de Dios.

Mi comida con que deliciosamente me recreaba, era que con sumo placer separé a mis prójimos de las vanidades de la vida secular, para servir a Dios de todo corazón, y entonces como dulcísimo manjar me tragaba aquel gozo. Mi bebida fué la alegría que tuve, cuando a varios convertidos por mí, los vi amar a Dios con todas sus fuerzas, dedicarse a la contemplación y a la oración, e instruir a otros en la vida cristiana, e imitar la verdadera pobreza. Mira, hija, esta bebida alegraba mi alma de tal suerte, que le hastiaba todo cuanto hay en el mundo. Entra, pues, en este aposento mío come este manjar mío, y bebe conmigo esta bebida. Bébela, para que con Dios seas sustentada por toda la eternidad.