Desde la caída de Adán están en oposición, Dios, para que el bombre haga la divina voluntad, y el demonio, para que siga sus diabólicos deseos.
Capítulo 8

Yo soy Dios Creador de todas las cosas, dice el Señor a la Santa. Yo concedí el libre albedrío a los ángeles y a los hombres, a fin de que los que quisieran hacer mi voluntad permaneciesen eternamente conmigo, y los que opinasen lo contrario, fueran separados de mí; y por esto algunos ángeles se hicieron demonios, porque no quisieron amarme ni obedecerme. Después que crié al hombre, viendo el demonio el amor que yo a este hombre le tenía, no solamente se hizo enemigo mío, sino que movió guerra contra mí, incitando a Adán a que desobedeciera mis mandamientos, y entonces por mi justicia y permitiéndolo y prevaleció el demonio, y desde aquel tiempo discordamos y estamos en oposición yo y el demonio, porque yo quiero que el hombre viva para hacer mi voluntad, y el demonio se empeña en que el hombre siga sus diabólicos deseos.

Así, pues, desde el instante en que con la sangre de mi corazón abrí el cielo, quedó privado el demonio de la justicia que parecía tener, y las almas que eran dignas, fueron salvas y libres. Entonces también se estableció la ley, para que fuese muy fácil al hombre seguirme a mí, su Dios, a fin de alcanzar la corona perpetua; mas si siguiera los deseos del demonio, sufrirá el suplicio sempiterno. De esta suerte luchamos yo y el demonio, buscando las almas como los esposos a sus esposas. Yo deseo las almas para darles el gozo y la honra eterna, y el demonio las quiere para darles el eterno horror y tormento.