La santísima Virgen da a conocer tres clases de vicios por los que Dios afligía mucho a cierto reino, y cómo deban repararse.
REVELACIÓN 12

Por tres pecados viene el castigo al reino, dice la Madre de Dios a santa Brígida; por la soberbia, por la incontinencia y por la codicia. Y así, Dios puede aplacarse con tres cosas, para que se abrevie el tiempo del castigo. La primera es, que todos tengan verdadera humildad en los vestidos, los cuales no deben ser demasiado largos a estilo de los de las mujeres, ni muy cortos como los de los bufones, ni muy costosos, vanos e inútiles, que hayan de abrirse o rasgarse, porque todo esto desagrada a Dios.

Los cuerpos también deben llevarlos tan honestos, que ni por ostentación aparezcan más voluminosos de lo que Dios los ha criado, ni más cortos o más delgados por medio de ligaduras o ataduras y otros artificios, sino que todo sea para provecho y honra de Dios. También las mujeres deben dejar los vestidos ostentosos que han adoptado por soberbia y vanagloria, porque a las mujeres que desprecian las antiguas y loables costumbres de su patria, les ha sugerido el demonio nuevos abusos y adornos indecentes en la cabeza, en los pies y en todo su cuerpo, para excitar la lujuria e irritar a Dios.

Lo segundo es, que den limosna con ánimo alegre. Lo tercero es, que cada sacerdote de las parroquias una vez al mes por un año entero celebren la misa de la Santísima Trinidad, a cuya misa deben concurrir todos sus feligreses confesados y contritos, y aquel dia han de ayunar, orando y pidiendo con fervor, que les sean perdonados sus pecados y que se aplaque la ira de Dios. También los obispos durante este tiempo deben hacer todos los meses por sí mismos o por otros procesiones solemnes en sus iglesias catedrales, celebrando también misa de la Santísima Trinidad.