Jesucristo Señor nuestro manifiesta cuánto los esposos deban ser prudentes en corregir a sus esposas.
Capítulo 3

Cuando hay una espina junto al corazón, dice el Hijo de Dios a santa Brígida, no se debe arrancar de repente y con precipitación, sino que ha de cortarse poco a poco y suavemente. Del mismo modo, si la mujer es buena, debe ser amada; mas sin embargo, suele servir de impedimento para el hombre que busca la perfección; y así, el hombre que por medio del matrimonio está ligado a su mujer, en la cual ve su peligro, debe servirse unas veces de palabras suaves, como quien amonesta, otras veces se valdrá con moderación de palabras más severas, como quien enseña, y otras, en fin, cortando por lo sano, como los cirujanos. Pues la mujer debe ser oída con prudencia, para que se consuele modestamente; y debe ser reconvenida en secreto, para que no la desprecien; ha de ser enseñada con decoro, y a veces no debe ser oída, para no faltar a la justicia.

Por tanto, corresponde a la reina tener genio humilde, modestia en sus acciones, prudencia en el obrar y compasión con los miserables. Pues con la prudencia de su mujer se aplacó David para no cometer un pecado; con la humildad llegó Ester hasta el trono y perseveró en él; pero con la soberbia y la codicia fué repudiada Jezabel. Y la Virgen María, mi Madre, por su compasión y amor de Dios fué nombrada Madre de todos en los cielos y en la tierra.

Y puesto que esta reina por quien pides busca de mí un consejo por mediación tuya, respóndele de mi parte y dile, que ella tiene varios impulsos e inspiraciones procedentes de dos espíritus, que son el bueno y el mal espíritu, y acerca de esto te hablaré en otra ocasión.