| Jesucristo Señor nuestro manifiesta cuánto los esposos deban ser prudentes en corregir a sus esposas. |
| Capítulo 3 |
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Cuando hay una espina junto al corazón, dice el Hijo de Dios a santa Brígida, no se debe arrancar de repente y con precipitación, sino que ha de cortarse poco a poco y suavemente. Del mismo modo, si la mujer es buena, debe ser amada; mas sin embargo, suele servir de impedimento para el hombre que busca la perfección; y así, el hombre que por medio del matrimonio está ligado a su mujer, en la cual ve su peligro, debe servirse unas veces de palabras suaves, como quien amonesta, otras veces se valdrá con moderación de palabras más severas, como quien enseña, y otras, en fin, cortando por lo sano, como los cirujanos. Pues la mujer debe ser oída con prudencia, para que se consuele modestamente; y debe ser reconvenida en secreto, para que no la desprecien; ha de ser enseñada con decoro, y a veces no debe ser oída, para no faltar a la justicia.
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