Como cierto palaciego menospreciase de un modo irrisorio la ley de Dios, el Señor manda al rey por medio de santa Brígida que no le deje sin castigo, pues de lo contrario, el mismo rey experimentará en sí la cólera divina.
Capítulo 5

Por qué te afliges, le dice el Señor a la Santa, porque sufro con tanta paciencia a ese que se burlaba de mí? ¿Sabes lo penoso que es arder para siempre? Pues cuando se siembran plantas para tintes, si se cortan antes de su debido tiempo, no sirven para dar color, como cuando se cogen en tiempo oportuno. Igualmente mis palabras, que han de manifestarse con justicia y misericordia, deben ir creciendo hasta llegar a su plena madurez, y entonces son más adecuadas para donde han de aplicarse, y darán conveniente colorido a mi virtud.

Guárdese, pues, ese rey, no sea que su alma pague por el alma de este otro que se burla de mí. Porque al que por amor de Dios corrige al pecador para que no sea castigado por Dios, según hizo Moisés, se le duplicará la corona, tanto porque aplaca la ira del Señor, como porque disminuye la pena del delincuente, para que no sea este castigado por toda la eternidad. Pero el que evita corregir al delincuente, duplicará la pena, aumentando ésta para lo futuro y no obrando en justicia.