La Madre de Dios dice de sí misma que es un vaso lleno de gracia, y cómo la reparte en el corazón de sus devotos.
REVELACIÓN 6

Apareciósele a santa Brígida la Reina del cielo, y le dijo: Oye tú, que ves las cosas espirituales, ven conmigo para hablar del Espíritu Santo. Yo soy un vaso lleno y colmado, y al modo que se llena de agua el vaso que está debajo del torrente, y aunque el agua se derrama, el vaso siempre está lleno con lo que del torrente cae; igualmente, mi alma cuando fué criada y unida al cuerpo, se llenó de las caudalosas aguas del torrente del Espíritu Santo, del que nunca después se ha visto privada. Por tanto, todo el que viniere a mí con humildad y puro corazón, recibirá auxilio del Espíritu Santo.

Así, pues, bien puedo llamarme vaso lleno, porque cuando estaba yo en el mundo, el Hijo de Dios vino a mi cuerpo derramando el torrente de su gracia, y tomando de mí carne y sangre, moró en mí, hasta que de mí nació de la manera que correspondía naciese el Hijo de Dios. Habiendo nacido y llegado a mis manos, alegráronse los ángeles y anunciaron la paz a la tierra. Después mi Hijo padeció de una manera cruel la pena de muerte, cuando a fuerza de azotes se rompía su cutis, los clavos horadaban sus huesos, y se partió su corazón después de estar desfallecidos todos tus miembros.

Mas este acontecimiento de su muerte fué de suma importancia, porque con él se disminuyó el poder del demonio y abriéronse las puertas del cielo. La Pasión de mi Hijo la comparo al trueno, cuya llegada se ve primero a lo lejos por medio de la luz, y después viene el sonido; igualmente, la Pasión de mi Hijo fué anunciada por boca de los profetas mucho antes que el viniese. Pero después que murió mi Hijo, hubo gran ruido y estruendo que se dejó oir mucho tiempo después de su Pasión, y predicábase ésta, y por ella dieron muchos de buena gana su vida.

Mas ahora se halla mi Hijo tan puesto en olvido y menospreciado, que muchos no estiman en nada su muerte. Unos dicen que no saben si vino o no mi Hijo; otros lo saben, pero no hacen ningún caso, y pocos hay que con amor recuerden su muerte.

Por consiguiente, a fin de recordar la Pasión de mi Hijo, han venido al mundo las palabras de Dios, reveladas también a ti por disposición del Señor.