Por que castigó Dios al pueblo de Israel en el Desierto y no en Egipto.
REVELACIÓN 8

Tres clases de hombres había en el pueblo de Israel, le dice el Señor a santa Brígida. Unos amaban a Dios y a Moisés: otros se amaban a sí mismo mas que a Dios; y estos otros no amaban a Dios ni a Moisés, sino solamente las cosas terrenales. Cuando este pueblo se hallaba en Egipto, todos se llamaban hijos de Dios e hijos de Israel, mas no todos servian a Dios con el mismo corazón. Igualmente, cuando fué voluntad de Dios sacar de Egipto a su pueblo, unos creyeron en Dios y en Moisés; pero otros se exasperaban contra Dios y contra Moisés, y por eso con unos manifestó el Señor su gran misericordia, y su justicia con los de corazón empedernido.

Pero acaso me digas ¿porqué el Señor sacó el pueblo, y no lo castigó más bien en Egipto, cuando sabía que aún no había llegado el tiempo de la misericordia, ni había llegado a su colmo la malicia de los hombres? A lo cual te contesto que Dios escogió el pueblo de Israel para instruirlo y probarlo en el desierto, como a escolares que necesitaban un pedagogo que los guiase con palabras y con obras. Y para que los discípulos fuesen instruidos con mayor perfección, fué mas conveniente el desierto que el Egipto, a fin de que no fuesen inquietados por los Egipcios en la enseñanza de la justicia de Dios, ni se criasen malamente entre las señales de misericordia que debían ocultarse a los ingratos.

También Moisés debió ser probado como maestro del pueblo, para que, quien se había manifestado a Dios, fuese igualmente conocido por sus discípulos a fin de que lo imitasen; y para que quien con la ignorancia del pueblo quedó más probado con las señales se hiciese más ilustre y fuese más conocido de todos. En verdad, te digo, que aun sin Moisés hubiera salido de Egipto el pueblo, y aun sin Moisés habría muerto. Mas a causa de la bondad de Moisés murió el pueblo con mayor benignidad y a causa del amor que Moisés tuvo a Dios, recibió el pueblo más sublime corona. Y no es esto de extrañar, pues en la muerte de todos padeció Moisés por la compasión que les tuvo. Dios, pues, difirió su promesa para probar el pueblo, y para que el Señor fuese conocido por sus señales, por su misericordia y por su paciencia, y para enseñanza de los venideros se manifestase también la ingratitud y mala voluntad del mismo pueblo.

Igualmente, muchos santos entraron en tierras de infieles por inspiración del Espíritu Santo, y no consiguieron lo que habían querido; mas no obstante, por su buena voluntad recibieron sublime corona; y por su paciencia y esta buena voluntad aceleró Dios el tiempo de la misericordia, y llevó a cabo más pronto el nuevo camino que aquellos emprendieron. Así, pues, siempre deben ser venerados y temidos los juicios de Dios, y hay que precaver en gran manera que la voluntad del hombre sea contraria a la de Dios.