Cómo santa Brígida se dió enteramente a Dios, y cuánta es la malicia de nuestro común enemigo.
Capítulo 14

Veía santa Brígida varios ángeles, entre los cuales había uno malo, el cual dijo a la esposa de Jesucristo: Otra disposición que antes tiene ahora tu alma, y ya se aparta de ti tu nodriza, que es la soberbia, la cual soy yo, que soy el ángel malo. ¿Por qué no hablas y me favoreces como antes? Y respondió con su espíritu la Santa: No te amo, porque no amas a Dios, y aunque recrearas mi mente con toda la suavidad posible y vistieras de oro mi cuerpo, no te amaría, porque desprecias a mi Dios; y más bien seguiría a Él en las penas, que a ti en toda dulzura, y porque aborreces a Dios, todo lo tuyo me es odioso.

Pero si quisieras volver tu alma a Dios, yo también me plegaría y haría tu voluntad. Y respondió el demonio: En verdad, te digo, que si pudiera tomar cuerpo mortal, mejor querría padecer en él todo género de pena, y adémas las penas del infierno, antes que volver mi amor a Dios. Dijéronle entonces dos ángeles buenos: Siendo nuestro Señor tu Dios y tu Creador, ¿por qué no quieres someterte a él? Y respondió el demonio: Porque de tal suerte he fijado mi mente a mi voluntad, que no quiero variarla, tal es el odio que le tengo,

En seguida otro de aquellos buenos ángeles dijo: Señor, aunque todo lo sabéis, sin embargo, porque así os place y por causa de vuestra esposa os presento estas palabras. Habéis dicho antes acerca de vuestra nueva esposa: Cuando yo me vuelvo al austro, ella se vuelve all occidente. Mas ahora podéis decir, que a cualquiera lado que os volváis, vuestra esposa, os sigue según puede. Y respondió el Señor: Conviene que la esposa obedezca y se humille a su Dios.