Palabras de consuelo que la Virgen María dirigió a santa Brígida en su última enfermedad.
Capítulo 17

Poco antes de la muerte de santa Brígida, se le apareció la Virgen María, y le dijo: Si está enferma la mujer que va de parto, los hijos que da a luz, suelen ser enfermizos. Pero tú darás a luz para Cristo, hijos fuertes y sanos, y amigos de Dios, y quedarás más sana de lo que nunca habías estado, y no morirás, sino que irás al paraje que te está prometido y preparando; pues san Francisco estuvo mucho tiempo enfermo, y no obstante, dió entonces fruto y cumplió la voluntad de Dios, pero después quedó sano, e hizo y hace mayores cosas que cuando enfermo.

Pero puedes preguntarme: ¿por qué se prolonga tanto tu enfermedad y se va consumiendo tu naturaleza y tu robustez? A lo cual te respondo, que mi Hijo y yo te amamos. ¿No te acuerdas de lo que mi Hijo te dijo en Jerusalén, que tus pecados te habían sido perdonados, cuando entraste en la iglesia de su Santo Sepulcro, como si entonces hubieras recibido el bautismo? Mas no te dijo, sin embargo, que no deberías padecer nada, mientras vives en el mundo, y por tanto, es voluntad de Dios, que el amor del hombre corresponda al amor de Dios; y que las culpas pasadas se laven con la pacienca y con la enfermedad.

Acuérdate también que muchas veces te he dicho que las palabras de mi Hijo y las mías pueden entenderse espiritual y corporalmente, según te dije en la ciudad de Stralsund, que si antes de concluir las palabras divinas contenidas en los libros celestiales, palabras que te ha revelado Dios, fueras llamada del mundo, entonces por tu buena voluntad serías tenida como religiosa en Ubatesten, y considerada como participante de todas las promesas que Dios te ha hecho.