Dícele Dios a santa Brígida por qué se vale de ella para manifestar a los hombres su voluntad.
Capítulo 2

Manifestarte quiero, le dice el Señor a la Santa, la regla que se ha de guardar en el monasterio de mi Madre. Pues también los solitarios y los santos padres recibieron de mi Espíritu inspiraciones; por consiguiente, todo lo que oyeres en mi Espíritu, dilo a quien lo haya de escribir y guárdate de agregar a mis palabras una sola que sea de tu espíritu.

Pero podrás admirarte por qué yo, Creador de todas las cosas, no habló a los sabios, o en tal lengua que todos la puedan entender y saber. A lo cual te respondo, que tuve muchos profetas que sólo por medio de intérprete y de escribiente pudieron revelar las palabras de mi Espíritu, y no obstante, llegaron a la luz y al conocimiento; porque cuando se confía el don de Dios, es mucho más glorificado el Señor. Igualmente acaece contigo; pues tengo amigos por los cuales manifiesto mi voluntad; pero a ti como a instrumento nuevo quiero manifestarte cosas nuevas y antiguas, a fin de que se humillen los soberbios y sean glorificados los humildes.