Cuánto favorece la Virgen María a los pecadores que quieren convertirse a Dios.
Capítulo 28

Parecíale a la esposa de Jesucristo, la bienaventurada Brígida, que la Virgen María, Madre de Dios, estaba junto a ella, y que a su derecha tenía la Virgen diversos instrumentos con que poder defenderse en todos los peligros, y a su izquierda había armas a propósito para castigar a los que por su mala voluntad se habían condenado a las penas. Entonces dijo la Virgen a la esposa: Según ves la diferencia que hay en estos instrumentos, cada cual necesario para su uso, de la misma manera auxiliaré, yo con mi favor a todos los que teman y amen a mi Hijo, y luchen varonilmente contras las tentaciones del demonio.

Estos se hallan como establecidos dentro de los muros de los campamentos, peleando diariamente contra las asechanzas de los espíritus malignos, y con mis armas acudo a su defensa, de modo que, cuando los enemigos intentan socavar el muro y destruirlo, pongo un apoyo; si tratan de subir por escalas, con las horcas los echo atrás, y si proyectan horadar las paredes de los muros, los reparo con la llana y cubro bien aquellos agujeros. De esta manera ayudo con armas defensivas a todos los que quieren reconciliarse con mi Hijo, y nunca más pecar a sabiendas contra él. Y a pesar de que solamente te he nombrado tres instrumentos, ayudo no obstante a mis amigos y los defiendo con innumerables armas de defensa.

Respecto a los instrumentos que aparecen a tu izquierda, quiero hablarte con especialidad de tres de ellos. El primero es la espada, la cual es más cortante que la del verdugo; el segundo es el lazo, y el tercero es la leña con que serán quemados los que, teniendo ánimo de pecar hasta el último momento antes de la muerte, se condenaron a las penas perpetuas. Porque cuando el hombre tiene propósito de ofender a Dios hasta el final de su vida, y no cesar hasta que no pueda pecar, debe ser condenado por la divina justicia a los suplicos eternos.

Y así como por los diferentes delitos se imponen a los que se les ha de quitar la vida diferentes muertes en la tierra, así también a los condenados al infierno se les imponen por sus pecados diferentes géneros de suplicios: por esta razón, cuando el hombre piensa seguir pecando mientras viva, justo es que el demonio tenga poder sobre su cuerpo y su alma; y como la carne se arranca de los huesos, así es derecho del demonio separar su cuerpo y alma con tan amarga pena, como si la carne y huesos se cortaran con un pedernal sin filo, mientras el miserable cuerpo pudiera sufrir tan terrible pena.

Ten, sin embargo, por muy cierto, que aun cuando alguno por lo enorme de sus delitos sea con justicia entregado por Dios en cuerpo y alma al demonio, nunca mientras viva y tenga conocimiento, se le quitará la gracia de la penitencia. Pero a los que no tienen penitencia, mi espada les abreviará antes de la muerte alguna pena corporal, a fin de que el demonio no tenga sobre el cuerpo mientras viviere en el mundo el pleno poderío que tiene en el infierno; pues, a la manera de aquel que para mayor pena cortara con una sierra el cuello de su enemigo, así lo hace con su espada el demonio con el alma que vive en la muerte eterna.

El lazo significa el dolor que el elma condenada tiene después de la muerte, el cual es tanto mayor en el infierno, cuanto más larga es la vida en el mundo; y querría el demonio, que el que tiene propósito de pecar mientras viva, viviera mucho tiempo, para que padeciese más después de la muerte. Y por esta razón rompe mi gracia el lazo que ves, esto es, abrevia contra la voluntad del demonio la vida de la carne miserable, para que el suplicio por la sentencia de la Justicia no resulte tan horroroso como desea el enemigo.

El demonio, pues, enciende el fuego en los corazones de sus amigos que viven en los placeres, y aunque la conciencia de estos les dice ser contra Dios, no obstante, desean tanto satisfacer sus deleites, que sin hacer caso pecan contra Dios; y por esto, es derecho del demonio encenderles y aumentarles el fuego de los suplicios en el infierno tantas veces, cuantas con su perverso deleite los llenó de él en el mundo.