| El Señor corrige a un obispo que había juzgado poco bien de la Santa. |
| Capítulo 36 |
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Cierto día que la esposa de Jesucristo estaba convidada a comer con el obispo de Abo, D. Hemmingo, tomaba en honra de Dios de los delicados manjares que había en la mesa, por lo cual el obispo decía en su corazón: ¿Por qué esta señora que tiene don del Espíritu Santo no se abstiene de los manjares delicados? Entonces, sin saber la Santa nada de tales pensamientos, como estuviese en oración cerca de las vísperas, oyó en espíritu una voz que le decía: Yo soy quien llenó a un pastor del espíritu de profecía, ¿acaso por sus ayunos? Yo instituí el matrimonio, mas no por mérito de los casados. Yo mandé al Profeta que recibiese por mujer a una adúltera, ¿por ventura no obedeció? Yo soy el que hablaba con Job, igualmente cuando se hallaba en el seno de sus delicias, como cuando estaba sentado en el muladar. Luego porque soy admirable, hago sin méritos precedentes todo cuanto es de mi beneplácito.
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