Prosigue la revelación anterior con los trámites por donde Jesucristo se manifestó a santa Brígida en esta revelaciones.
Capítulo 5

Yo soy como el escultor, le dice el Hijo de Dios a su esposa, que corta un madero, lo lleva a su casa, hace de él una hermosa imágen, y la adorna con dibujos y colores: y viendo sus amigos que aún todavía puede adornarse con más hermosos colores, la pintan con los colores que ellos tienen. Asimismo yo, Dios, corté de la selva de mi divinidad mis palabras, y las puse en tu corazón; pero mis amigos las dispusieron en libros, según la gracia que a ellos se les ha concedido; les dieron colores y las adornaron.
Mas ahora, a fin de que se acomoden a muchos idiomas, entrega todos los libros de las revelaciones de mis palabras a mi obispo ermitaño, el cual los arregle y declare, y mantenga el sentido católico de mi espíritu; pues a veces mi espíritu deja entregados a sí mismos a mis escogidos, para que a la manera de una balanza examinen y discutan en su corazón mis palabras, y después de mucho pensar y meditar sobre ellas las expliquen más claramente y hagan resaltar lo mejor.

Pues así como tu corazón no siempre está capaz y fervoroso para expresar y escribir lo que sientes, sino que ya lo vuelves y revuelves en tu mente, ya lo escribes y vuelves a escribir, hasta que llegas al propio sentido de las palabras; del mismo modo mi Espíritu Santo subía y bajaba con mis doctores, porque ya ponían cosas que después quitaron, ya eran juzgados y reprendidos por algunos, y no obstante, después vinieron otros que discutieron más sutilmente, y explicaron sus palabras con mayor claridad. Pero en cuanto a mis evangelistas, tuvieron de mi espíritu por medio de la inspiración las palabras que hablaban y que después escribieron.
Di también al mismo ermitaño, que haga y desempeñe el oficio de evangelista.