| Se acusa santa Brígida delante de la Virgen María de las distracciones de su mente, y cómo la Señora la consuela. |
| Capítulo 8 |
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Bendita seáis vos, Reina del cielo, le dice la Santa a la Virgen, que no despreciáis a ningún pecador, cuando de todo corazón os invoca. Dignaos oirme, aunque soy indigna de abrir mis labios para suplicaros. Sé, pues, que sin estar robustecida con vuestra ayuda, no puedo gobernarme a mí misma, porque mi cuerpo es como el animal indómito, que si no tiene puesto el freno en la boca, va corriendo a todos los parajes adonde acostumbra tener sus deleites. Mi voluntad es ligera como el ave, y continuamente quiere seguir sus frívolos pensamientos y cruzar por todas partes como las aves que vuelan. Os pido, pues, que se le ponga un freno a mi cuerpo, antes que quiera correa hacia alguna parte adonde desagradare a vuestro Hijo, y llevadlo donde pueda cumplir su voluntad. Ponedle también un cordel a esa ave, que es mi voluntad, para que no vuele más lejos de lo que sea del agrado de vuestro amadísimo Hijo.
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