Simbólica visión de la Santa, en la que se le muestra la envidia de nuestro enemigo.
REVELACIÓN 9

Como en cierto tiempo estuviese orando santa Brígida, vió delante de sí en visión espiritual un escaso fuego y una ollita puesta sobre éste, y en ella una comida apetitosa. Vió también a un mancebo vestido de muy reluciente púrpura de oro, el cual, dobladas las rodillas estaba alrededor de la olla, unas veces soplando el fuego, otras moviendo la leña, y así la estaba cuidando, hasta que por último, dijo a la Santa que lo estaba mirando: Tú que estás viendo todo esto, ¿has visto jamás una persona tan humilde como soy yo?

Yo, como ves, ataviado con vestiduras de oro, hago tamaños servicios a esta olla; dobladas las rodillas doy vuelta alrededor de ella, inclino la cabeza hasta la tierra soplando el fuego, arreglo y amontono la leña, a veces también la desvío sin escusarme molestia alguna; por tanto, reconóceme por muy humilde. Pero me importa manifestarte lo que esto significa. Por esa olla entiendo tu corazón; por la comida que en ella está, entiendo esas dulcísimas palabras que Dios te da desde lo alto; por el fuego, el fervor de amor divino que tienes de Dios.

Yo soy el demonio, envidioso de tu consuelo, que me muestro tan humilde servidor, soplando no tanto para que arda más el fuego, como para que las cenizas, que son los afectos de las cosas de la tierra, suban a la olla, esto es, a tu corazón, a fin de que esa sabrosa comida, que son las palabras del Espíritu Santo que se te han inspirado, se hagan insípidas. Revuelvo las teas y la leña, para que la olla, que es tu corazón, se incline a la tierra, esto es, a personas conocidas de la tierra o parientes, a fin de que de este modo sea Dios menos amado.