Palabras del Creador a la esposa sobre cómo Él es ahora despreciado y ultrajado por personas que no prestan atención a lo que hizo por amor, al aconsejarles mediante los profetas y mediante su propio sufrimiento para su salvación. También sobre cómo ignoran el enfado que Él dirigió a los obstinados corrigiéndolos severamente.
Libro 1 - Capítulo 44

Yo soy el Creador y Señor de todas las cosas. Yo hice el mundo y el mundo me evita. Oigo en el mundo un ruido parecido al de las abejas que acumulan miel sobre la tierra. Cuando la abeja está volando y comienza a aterrizar emite un zumbido. Ahora oigo como una voz que zumba en el mundo y que dice: ‘¡No me importa!’. De hecho, la humanidad no presta atención ni se preocupa de lo que hice por amor, aconsejándoles mediante los profetas, por mi propia predicación y mediante mi sufrimiento por ellos. No les importa lo que hice en mi enojo, al corregir a los malvados y desobedientes. Sólo ven que son mortales y se sienten inseguros sobre la muerte, pero no les preocupa.

Oyen y ven la justicia que infligí al Faraón y a Sodoma, debido al pecado, y la que aplico sobre otros reyes y princesas, permitiéndola diariamente mediante la espada y otras desgracias, pero parece que están ciegos ante todo esto. Igual que las abejas, vuelan por donde quieren. De hecho, a veces vuelan como si se disparasen hacia lo alto, cuando se exaltan a sí mismos por el orgullo, pero enseguida caen de nuevo rápidamente cuando vuelven a su lujuria y a su gula.

Reúnen miel de la tierra para sí mismos, fatigándose y acumulando por si apremia la necesidad del cuerpo, pero no para el alma. Buscan lo terreno más que el honor eterno. Convierten lo pasajero en un auto castigo, lo inútil en tormento eterno. Sin embargo, por los ruegos de mi Madre, enviaré mi voz clara a esas abejas, excepto sobre mis amigos, que se encuentran en el mundo tan sólo en cuerpo, y predicaré misericordia. Si me atienden se salvarán.