Palabras de alabanza y oraciones de la Madre a su Hijo, para que sus palabras se difundan por todo el mundo y echen raíces en los corazones de sus amigos. Sobre cómo la propia Virgen es maravillosamente comparada a una flor que crece en un jardín, y sobre las palabras de Cristo, dirigidas a través de la Esposa al Papa y a otros prelados de la Iglesia.
Libro 1 - Capítulo 52

La bendita Virgen habló al Hijo diciéndole: “¡Bendito seas, Hijo mío y Dios mío, Señor de los ángeles y Rey de la gloria! Ruego que las palabras que has pronunciado echen raíces en los corazones de tus amigos y se fijen en sus mentes como la brea con la que fue untada el arca de Noé, que ni las tormentas ni los vientos pudieron disolver. Que se extiendan por el mundo como ramas y dulces flores cuya esencia se impregna a lo largo y a lo ancho. Que también den frutos y crezcan dulces como el dátil cuya dulzura deleita el alma sin medida”.

El Hijo respondió: “¡Bendita seas tú, mi queridísima Madre! Mi ángel Gabriel te dijo: ‘¡Bendita seas, María, sobre todas las mujeres!’ Yo te doy testimonio de que eres bendita y más santa que todos los coros de los ángeles. Eres como una flor de jardín rodeada de otras flores fragantes, pero que a todas sobrepasa en fragancia, pureza y virtud. Estas flores representan a todos los elegidos desde Adán hasta el fin del mundo.

Fueron plantadas en el jardín del mundo y florecieron en diversas virtudes, pero, entre todos los que fueron y los que luego serán, tú fuiste la más excelente en fragancia de una vida buena y humilde, en la pureza de una gratísima virginidad y en la virtud de la abstinencia. Doy testimonio de que tú fuiste más que un mártir en mi pasión, más que un confesor en tu abstinencia, más que un ángel en tu misericordia y buena voluntad. Por ti Yo fijaré mis palabras como la más fuerte de las breas en los corazones de mis amigos. Ellos se esparcirán como flores fragantes y portarán frutos como la más dulce y deliciosa de las palmeras”.

Entonces, el Señor habló a la esposa: “Dile a tu amigo que debe procurar remitir estas palabras cuando escriba a su padre, cuyo corazón está de acuerdo con el mío, y él las dirigirá al arzobispo y, después a otro obispo. Cuando éstos hayan sido ampliamente informados, él ha de enviarlas a un tercer obispo. Dile, de mi parte: ‘Yo soy tu Creador y el Redentor de almas. Yo soy Dios, a quien tú amas y honras sobre todos los demás. Observa y considera cómo las almas que redimí con mi sangre son como las almas de aquellos que no conocen a Dios, cómo fueron cautivas del demonio en forma tan espantosa que él las castiga en cada miembro de su cuerpo, como si las pasara por una prensadora de uvas.

Por tanto, si en algo sientes mis heridas en tu alma, si mis azotes y sufrimiento significan algo para ti, entonces demuestra con obras cuánto me amas. Haz que las palabras de mi boca se conozcan públicamente y tráelas personalmente hasta la cabeza de la Iglesia. Yo te daré mi Espíritu de forma que, donde sea que haya diferencias entre dos personas, tú las puedas unir en mi nombre y mediante el poder que se te da, si ellas creyesen. Como ulterior evidencia de mis palabras, presentarás al pontífice los testimonios de aquellas personas que prueban mis palabras y se deleitan con ellas. Pues mis palabras son como manteca que se deshace más rápidamente cuanto más caliente esté uno en su interior. Allí donde no hay calor, son rechazadas y no llegan a las partes más internas.

Mis palabras son así, porque cuanto más las come y las mastica una persona con caridad ferviente por mí, más se alimenta con la dulzura del deseo del Cielo y de amor interior, y más arde por mi amor. Pero aquellos que no gustan de mis palabras es como si tuvieran manteca en su boca. Cuando la prueban, la escupen y la pisotean en el suelo. Algunas personas desprecian así mis palabras porque no poseen gusto alguno de la dulzura de lo espiritual. El dueño de la tierra, a quien he escogido como uno de mis miembros y he hecho verdaderamente mío, te auxiliará caballerosamente y te abastecerá de las provisiones necesarias para tu camino, con medios correctamente adquiridos”.