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El Hijo habló a la esposa, diciéndole: “Yo soy Dios de Israel, el que habló con Moisés. Cuando fue enviado a mi pueblo, Moisés pidió un signo, diciendo: ‘El pueblo no me creerá de otra manera’. Si el pueblo, al que Moisés fue enviado, pertenecía al Señor ¿por qué carecía de confianza? Has de saber que había tres tipos de personas entre los judíos. Algunos creían en Dios y en Moisés. Otros creían en Dios, pero carecían de confianza en Moisés, preguntándose si, tal vez, no estaría él diciendo y haciendo todo por propia invención y presunción. El tercer tipo eran aquellos que no creían ni en Dios ni en Moisés.
Igualmente, hay ahora tres tipos de personas entre los cristianos, como lo simbolizan los hebreos. Hay algunos que realmente creen en Dios y en mis palabras. Hay otros que creen en Dios, pero que carecen de confianza en mis palabras, porque no saben cómo distinguir entre un espíritu bueno y otro malo. Los terceros son los que no creen en mí ni en ti, esposa mía, a quien he hablado mis palabras. Pero, como dije, pese a que algunos de los hebreos carecían de confianza en Moisés, todos –sin embargo—cruzaron el Mar Rojo con él hacia el interior del desierto, donde los que no tenían confianza adoraron ídolos y provocaron el enfado de Dios, que es por lo que su fin fue una muerte miserable, aunque todo no lo hicieron sólo los que obraron de mala fe.
Por esta razón, como el espíritu humano es lento para creer, mi amigo debe transmitir mis palabras a aquellos que crean en él. Después, ellos las divulgarán a otros que no saben cómo distinguir a un espíritu bueno de otro malo. Si los oyentes le piden un signo, que muestre a esas personas una vara, como lo hizo Moisés, es decir, que les explique mis palabras. La vara de Moisés era recta y, por su transformación en una serpiente, también fue temible para ellos. Igualmente, mis palabras son rectas y no hay falsedad en ellas. Son temibles, también, porque emiten un juicio verdadero.
Que expliquen y declaren que, por las palabras y sonido de una sola boca, el demonio se apartó de criaturas de Dios, ése mismo demonio que podría mover montañas si no estuviera restringido por mi poder. ¿Qué clase de poder le correspondió, con el permiso de Dios, cuando fue hecho para huir ante el sonido de una sola palabra? Según esto, de la misma forma que aquellos hebreos que no creían en Dios ni en Moisés también dejaron Egipto hacia la tierra prometida, siendo, de alguna forma, forzados junto con los demás, de igual manera, muchos cristianos irán ahora, sin desearlo, junto con mis elegidos, sin creer en mi poder para salvarlos. No creen en mis palabras de ninguna manera, tan sólo tienen una falsa confianza en mi poder. Sin embargo, mis palabras se cumplirán sin que ellos lo deseen y, en cierto modo, serán forzados a caminar hasta la perfección hasta que lleguen donde a mí me conviene”.
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